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21 de junio de 2014

La princesa sometida (cuentos eróticos de Kargul, #3) de Alaine Scott (Dw. Nichols).


LA PRINCESA SOMETIDA (CUENTOS ERÓTICOS DE KARGUL, #3) DE ALAINE SCOTT.

 

Empecé con muchas ganas La princesa sometida, estaba paciente por conocer ese nuevo mundo del que nos habló Nichols (Alaine Scott) en La esclava Kisha, pero ese mundo, de ese novela a esta, ha cambiado. En un principio, el mundo de los hombres bestia se regía por la pureza y la inocencia, el sexo sin amor era algo impensable. Y ya desde las primeras páginas, me sentí decepcionada en ese sentido, porque este mundo de hombres y mujeres bestias está gobernado por una abierta y prolifera libertad sexual. ¿Amor? Como pasaba en Kargul, nadie lo necesita. Con los orgasmos es más que suficiente.
 
 
Me siento muy decepcionada con Hewan, muchísimo. No es el héroe que yo esperaba. No me ha enamorado ni una pizca, y no tiene nada de especial, siento que Rura merece a alguien mejor, alguien que la vea de verdad, y que no la trate como un objeto, dispuesto ahí para su placer, o para hacer lo que le venga en gana con ella. Hewan no es ningún príncipe, ni es el amor que yo esperaba. No me ha gustado nada como ha tratado a Rura, como si ella solo fuera una mascota, a la que pasear con correa, vestir con sacos, encadenar a la pared, insultarla y darle bofetadas donde más le duele, en el corazón. No me ha gustado como la ve, para él ella es Rura la bastarda, Rura la que no se merece ni ternura ni amor, Rura la perra a la que piensa tener toda la vida encadenada a la pared y sometida a sus caprichos. Rura la mujer a la que él puede tocar cuando le plazca, incluso si ella está dormida y no está consintiendo tener relaciones sexuales. Rura, la que, como no tiene corazón, debe clavarle puñales follándose a otra frente a sus narices. Esa ha sido la gota que ha colmado el vaso.
 
 

Entre Rura y Hewan había algo jodidamente importante, y para hacer daño a la muñequita a la que considera rota, se folla a otra mientras se burla de ella. Lo peor ha sido ver como a Rura se le volvía a morir el corazón ante esto. Odio a Hewan por todo eso y más, por su infidelidad, por su doble moral (siempre se aferra a que él no hace daño a las mujeres y no tiene esclavos. Ya, lo demuestra con Rura -¡JA!-.), y por no haber visto nunca jamás a Rura, porque solo ha hecho como todos. Para él Rura es solo un rostro bonito, unas tetas hermosas, un coño jugoso. Eres un cabrón, Hewan.
Por todo ello, abandono esta novela.
 
Por último añadir, como puntos positivos antes de que llegara a la infidelidad de Hewan...
 
- Desde la primera página, sentí afecto por Rura. En esta novela lo descubrimos todo de ella, la vemos en su presente y también visitamos muchos momentos de su infancia y adolescencia. Su pasado me ha roto el corazón, Rura ha sido tratada injustamente toda su vida. Rura ha tenido una vida que es un infierno. Se me ha roto el corazón por este personaje, y ha sido bueno verla con otros ojos y poder ver a la verdadera Rura, la Rura herida, con el corazón hecho pedazos, esa Rura que nunca ha sido amada, esa Rura que ya desde niña, debía abrazarse a sí misma, porque no tenía a nadie a su lado. Me ha costado mucho no llorar por Rura. En el fondo, esconde un corazón achuchable, pero esa vida la han hecho ser como no debería, aunque, ¿cómo criticarla si jamás ha sido libre? Rura siempre ha estado en una jaula, y no precisamente de oro, y siempre ha tenido mil dagas apuntando a su corazón, apuñalándola. Y solo al conocer al cabrón de Hewan su corazón vuelve a la vida, baja la guardia, hasta que él con sus desprecios y su infidelidad le rompe el corazón y mata la luz de sus ojos.
 

- Dw. Nichols (Alaine Scott) me ha conmovido, ha sabido llegarme muchísimo con las emociones de Rura. Este personaje está muy bien trabajo, creado a la perfección, Rura es casi real y cada emoción suya también. Hay una gran profundidad en ese sentido. Y en más de una ocasión se me han llenado los ojos de lagrimas por el dolor y la pena de Rura, por la forma en que todo el mundo, Hewan incluido, la han traicionado, y desvalorado, y visto como una muñeca de fríos ojos oscuros. Rura es mucho más de lo que parece, buena y mala a un mismo tiempo, adorable en lo más hondo de su corazón, solo que, prisionera de los deseos y las imposiciones de los demás, Rura jamás ha podido elegir y ser ella misma. Rura debería ser la dueña de su vida, y también la de su corazón, y en cambio, toda su vida, ahora también, siendo esclava de Hewan, no ha sido y no es más que una muñeca con una niña que grita y grita de pena y rabia, de dolor, dentro de su corazón. Rura merece más, merece dejar de sentirse sucia, y merece a alguien que sepa verla, que la toque con reverencia, que la abrace deseando consolar su alma.
 
 
- Nichols (Alaine Scott) ha evolucionado muchísimo narrativamente hablando. Sus letras cada vez destacan, brillan mas. Esa intensidad, esa belleza en sus letras, me ha llevado a pasar las paginas volando, y lo mejor han sido todos esos recuerdos de Rura niña. Ahí la intensidad emocional de Nichols era brutal.
 
- He echado mucho de menos a Dayan y Erinni, si Hewan hubiera sido un principito como Dayan, todo sería muy distinto.
 
 
Y bueno, eso es todo. Hasta aquí mi lectura de La princesa sometida, no puedo leer mas. No puedo porque Hewan me ha roto el corazón.



¿MERECE LA PENA DARLE LA OPORTUNIDAD A UN PERSONAJE PARA QUE SE REDIMA?


Tras hablar con Nichols, y pensarlo un poco, opté por terminar de leer la novela de Nichols, La princesa sometida. Me quedé hasta las cinco de la madrugada leyendo. Y tras terminarla, sigo pensando exactamente igual a como lo hacía cuando solo había leído la mitad de esta obra. Los puntos buenos no varían, ahí están, y lo mismo con los puntos malos.

A mí la lectura de La princesa sometida me ha dejado profundamente triste. No digo que sea una mala novela, pero no es para mí.
El protagonista, Hewan, es un autentico cabrón. Un hombre que no hace nada por redimirse, por ganarse el perdón de Rura. Hewan solo debe sonreír, darle un besito a Rura, unas palmaditas en la espalda, y la "sanguinaria" Rura cae ante él, derretida, hiperventilando, y dispuesta a entregarle su alma a este Bakú.
No entiendo como Rura le perdona con tanta facilidad, y como le justifica hasta ese punto. ¿La crueldad y el maltrato son justificables? Para mí no.
Hewan no se merece a la Rura que Nichols nos hace descubrir en esta novela, y si soy muy sincera, no siento que él la ame, creo que está confundido por todo el revuelo de las hormonas y el sexo. Rura demuestra sentir mucho por Hewan, es más, con todo lo que le hace, le rompe el corazón, pero no entiendo cómo puede enamorarse de él. ¿Adicta a la crueldad? No me gusta que esa sea la justificación que se le dé. Básicamente, no me creo la historia de amor. Es más, esta novela no es de amor.
Es una tragedia. Una obra de dolor y supervivencia. Punto.

Agradezco a la autora que me regalara esta obra, siempre aceptando la sinceridad de mis opiniones.
 
Mire - Mayu.
 

1 comentario:

  1. Diox, menuda novela. No sabía de su existencia y no creo que la lea por lo que comentas. Me recuerda a la saga de Lena Valenti y todo lo que me destriparon del primer libro. Hay cosas que no se pueden justificar y las actitudes de estos machos alfa entran en ese saco.

    Muy buena reseña, se nota que tanto para mal como para bien (Rura), la historia te ha calado.

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